Claire Fontaine estaba empleada en una fábrica. Su trabajo consistía en coger pajaritos dorados y meterlos en jaulitas doradas, todo eso colgado de una cadena de lo que sería un collar. Ella no sabía cómo se hacían los pajaritos, ni las jaulas, ni cómo llegaban a ella, ni nada que no fuera lo que ella hacía. Tampoco se ponía a contar cuántos pajaritos dorados había metido en jaulitas doradas. Por eso, no sabremos nunca en qué número exacto fue, pero…
Claire Fontaine cogió el pajarito dorado con la mano derecha y la jaulita dorada con la izquierda. Pero no enjauló al pájaro. Tiró la jaula al suelo, apretó el pajarito en su mano derecha y salió corriendo.
Así es como realmente empezó su vida, a los veintidós años.
Claire Fontaine quería ser un pajarito dorado y libre.
Este es el comienzo de la última historia larga en la que estoy trabajando. Por ahora no tiene nombre elegido, pero llevo buen ritmo y creo que a más de uno no sólo le gustará, sino que le hará pensar; y eso, al fin y al cabo, siempre es bueno.